JULIETA
El portazo de Sofía todavía retumbaba en mis oídos. El silencio que siguió fue denso, pesado, cargado con el veneno de una confesión que yo había jurado enterrar bajo siete llaves. “Sabía que me estabas usando para intentar olvidarla”. Las palabras de Sofía flotaban en la sala como fantasmas.
Me sentí desnuda, y no era por la bata de seda. Era porque Diego, el hombre que me ofrecía una vida normal, ahora me miraba con una mezcla de lástima y reproche.
—Julieta… —la voz de Liam era un ru