El chillido de las sirenas se desvaneció en la noche, llevando consigo a Richard y Maite hacia la cárcel. Sofia quedó sola en la mansión desolada, sus lágrimas mezcladas con el polvo de los recuerdos rotos. Mientras tanto, Helen se sentaba en su oficina de Scarlet Security, mirando la ciudad iluminada, el fuego del odio aún ardiendo en sus ojos. Isac se acercó silenciosamente, su postura siempre alerta.
—Jefa, la policía ha confirmado su arresto —anunció—. Pero Sofia sigue en la mansión. ¿Quere