Las semanas siguientes transcurrieron entre el bullicio de Scarlet Security y el peso del pasado. Helen pasaba horas en su oficina, revisando documentos antiguos, mientras el fuego del odio seguía ardiendo en su corazón. Isac llegaba cada mañana con informes sobre los cómplices de los Castel, pero ninguna noticia era suficiente para apagar esa llama.
Un día, Carlos entró con una carpeta gruesa bajo el brazo. —Jefa —dijo, con voz seria—. Encontramos más pruebas. Los Castel no solo robaron tu emp