El sol de la mañana se filtraba por las persianas rotas del sótano, pero Elena Valdés ya no veía las grietas en las paredes. Veía un tablero de ajedrez. Sobre la mesa de madera astillada, la tarjeta negra de Marcos De la Vega brillaba como un portal hacia una realidad prohibida. A su lado, el libro contable negro —el testamento de sangre del viejo Montenegro— era el arma cargada apuntando directamente al corazón del imperio de Julián.
Thiago despertó, frotándose los ojos. Al ver a su madre, se