Antes de que mis dedos llegaran a desabrochar el segundo botón, Alexander me dio una bofetada con fuerza, su guante de cuero negro manchándose de mi sangre en segundos. Caí al suelo, mi cabeza golpeando la plataforma de metal, haciendo que me vieran estrellas. La pantalla parpadeó y cambió a otra escena: oscuridad por todas partes, solo una luz cegadora en mi rostro, que me hacía parpadear y doler los ojos. A contraluz, no podía ver los rostros retorcidos de los hombres, pero escuchaba sus voce