En la pantalla apareció una foto en blanco y negro: la madre de Alexander, Elena, que desapareció hace quince años en un accidente aéreo que nunca fue aclarado. Él nunca creyó que estuviera muerta; incluso en nuestra boda, colocó su retrato en un lugar destacado, para que ella “presenciara” ese momento crucial. Los fuegos artificiales iluminaron el cielo de Coral Isle, la brisa marina acariciaba nuestras caras, y los drones formaron la frase “Isabella y Alexander” en el aire —aunque yo ocupara