Los preparativos de la boda fueron un torbellino de ansiedad. Elena se movía como una autómata, eligiendo flores y arreglando su vestido blanco, mientras Julián recuperaba esa sonrisa que había perdido en el rancho. Para él, este matrimonio era la victoria final, el muro de hormigón que mantendría al vaquero fuera de sus vidas para siempre.
Pero la ciudad es pequeña cuando hay alguien vigilando. Gael se enteró de la noticia en una cantina, por boca de uno de sus peones que había ido a Monterrey