La puerta de jade está cerrada. Mariana y sus amigos están en el salón subterráneo, sin saber cómo salir. El aire está fresco, pero hay un olor de muerte que viene del túnel. Mariana miró el objeto de jade —ya no brilla.
—¿Qué hacemos? —preguntó Diego, con voz temblorosa.— Estamos atrapados.
—No —dijo Mariana, mirando las paredes del salón.— Hay otra salida. Los jeroglíficos lo dicen.
Empezaron a buscar la salida. Las paredes están cubiertas de jeroglíficos que hablan de la paz que los mayas en