El otoño llegó a Valencia con tonos de granate y ámbar que teñían los robles del jardín de la mansión Herrera, donde Leo, ahora de nueve años, lideraba talleres de educación global para niños de su escuela, sus ojos brillantes al guiar conversaciones sobre solidaridad intercontinental. Sofía pasaba sus días dirigiendo la red mundial de escuelas de paz, que ahora integraba iniciativas de protección ambiental y derechos de las mujeres, mientras Ignacio coordinaba misiones de ayuda humanitaria en