JULIETA
Liam regresó a casa envuelto en un aura de silencio que me dio más miedo que cualquier grito. No me miró a los ojos mientras dejaba las llaves sobre la mesa, y su mandíbula estaba tan apretada que parecía a punto de romperse.
—¿Qué pasó, Liam? —pregunté, acercándome a él con cuidado—. ¿Fuiste a ver a Marcos?
—Él tiene más de lo que pensábamos, Juli —respondió finalmente, su voz saliendo como un susurro roto—. No solo son las fotos de nosotros. Tiene una imagen mía conduciendo esa noche…