El agua del Mediterráneo era una mortaja fría que succionaba el calor de los pulmones de Mila. El impacto contra la superficie le había sacado el aire, y por un segundo, el deseo de simplemente dejarse hundir y convertirse en parte del abismo fue casi insoportable. Pero entonces, el dolor punzante en su tobillo —la herida abierta donde antes estaba el chip— actuó como un desfibrilador de r@bia.
"No soy una f@lsificación", pensó, mientras braceaba con desesperación hacia la superficie. "Soy el m