El coche negro devoraba los kilómetros de la autopista hacia el norte con un rugido sordo. Dentro, el silencio era una sustancia física, espesa y cargada de una electricidad que amenazaba con hacer saltar los cristales. Mila miraba su reflejo en la ventanilla: una mujer con el rostro manchado de hollín, s@l y una determinación que ya no pertenecía al mundo de los vivos.
A su lado, Dante conducía con una precisión mecánica, sus manos quemadas aferradas al volante como si fueran lo único que impe