Cinco meses habían pasado desde el ataque que había cambiado la vida de Valentina para siempre. En ese tiempo, había aprendido a moverse con una prótesis en su brazo derecho, había superado las operaciones reconstructivas en sus quemaduras y había convertido el dolor y la rabia en un motor que no dejaba espacio para la debilidad. Desde la clínica, había estado trabajando codo con codo con Carlos y el coronel Álvarez, rastreando cada rincón del continente para encontrar la hacienda brasileña don