Treinta y dos semanas de embarazo. Mar se sentía más cansada que nunca, pero también más llena de vida. El bebé patodeaba todo el tiempo —a veces en la madrugada, cuando estaba intentando dormir, o en el trabajo, cuando estaba atendiendo a un cliente. Joaquín siempre le sonreía cuando lo veía tocar su barriga, y le dejaba descansar más tiempo. La clase de madres solteras le había enseñado mucho: ahora sabía cómo respirar para el parto, cómo preparar la cuna, cómo calmar a un bebé que llora. Sof