El lunes siguiente, Mar empezó a trabajar en la panadería de Joaquín. Llegó temprano, a las seis de la mañana, y el aroma de pan fresco y chocolate le recibió como un abrazo. Joaquín ya estaba ahí, amasando masa con las manos, con una sonrisa en la cara.
—Buen día, Mar! —dijo, limpiándose las manos en un delantal—. Hoy te enseñaré cómo organizar las estanterías y cómo atender a los clientes. No te preocupes si te equivocas —pausó, mirando su barriga—. Toma descansos cuando lo necesites, eh? Aqu