Cuatro días después de nacer Ángel, Mar lo llevó a casa. El camino desde el hospital fue un poco extraño —sentía que su vida había cambiado completamente en cuestión de horas. Valeria había preparado el cuarto: la cuna estaba lista, con mantas suaves de color celeste, había juguetes pequeños en una estantería y una foto de Mar con Ángel enmarcada en la mesita de noche. Joaquín le había traído un panecillo de canela y un tarro de miel —"para que tengas fuerzas para cuidar de tu pequeño ángel", l