Meses después de la muerte de Lila, Valdemar seguía hablando del escándalo que había desmantelado a los Reyes. Natalia permanecía en prisión, esperando juicio, mientras Elias luchaba por reconstruir su vida, llevando adelante la fundación que había creado en honor a Lila. Cada día, llegaban cartas de jóvenes músicos que habían sido ayudados por ella —historias de abuso superado, de sueños reavivados— y aunque eso le daba consuelo, el dolor de su pérdida seguía presente en cada rincón de su vida