Elias sostuvo a Lila en sus brazos, su cuerpo frío y débil, mientras gritaba desesperadamente por ayuda. Los médicos llegaron en minutos, llevándola en camilla de nuevo al hospital, pero después de revisarla, el médico lo miró con tristeza: sus pulmones estaban irreparablemente dañados por las infecciones de Northwood y el cáncer avanzado, que había alcanzado hígado y bazo. Solo le quedaban días, tal vez horas. Elias se quedó en su lado, agarrando su mano, sin dejarla ni por un instante.
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