Dos semanas después del encuentro en el jardín, Mar había vuelto a su ritmo de vida: turnos en el supermercado, tardes en el patio con Valeria, noches escuchando música para que el bebé la conociera. Pero aunque había ganado esa batalla con el pasado, un nube de preocupación seguía sobre su cabeza: el dinero. Los turnos extra le ayudaban, pero necesitaba más para pagar el alquiler, las citas médicas y las cosas que el bebé iba a necesitar. Doña Rosa le había dicho que podría darle más horas, pe