EL ENTRENAMIENTO DE LA SOMBRA Y LA SANGRE
Me desperté con el sol entrando por la ventana de mi habitación. Era una habitación pequeña, con una cama de madera, una mesita y una ventana que miraba hacia la montaña —la niebla todavía cubría todo, pero se veía un rayo de sol tratando de salir. Tocé la cicatriz de mi hombro —estaba fría, pero sentía su presencia, como un recordatorio de lo que había perdido y lo que quería conseguir.
Bajé a la sala del entrenamiento —un espacio grande en la planta b