EL ENCUENTRO CON EL ALFA SUPREMO DIOS LICÁNTROPOS
La puerta de madera negra se abrió sola, con un crujido que resonó en todo el castillo. Dentro, el pasillo estaba oscuro, iluminado solo por velas de cera negra que colgaban de las paredes. El olor era de piedra antigua, cuero y algo más —algo que huele a poder, a fuerza, a una presencia que no se puede ignorar.
Caminé por el pasillo, con el palo en la mano para apoyarme y el corazón latiéndome tan rápido que creí que se me saldría del pecho. La