Mila se quedó inmóvil en el último escalón de la escalera de caracol. El casino subterráneo era una joya de terciopelo rojo y luz tenue, pero para ella, se sentía como una fosa común. Ver a Dante estrechar la mano de Enzo Rossi, el hombre que dejó a su padre desangrándose en un callejón de Nápoles, fue como recibir un b@lazo en el pecho.
La r@bia, caliente y espesa, reemplazó el miedo. Bajó el resto de la escalera con una elegancia gélida, dejando que el roce de su vestido negro contra sus pier