Después de los votos —que pronuncié con la voz firme a pesar del nerviosismo— y el beso suave que Lucas me dio sobre el velo, la atmósfera en el jardín cambió por completo. La gente empezó a sonreír, a bailar y a celebrar como si nada hubiera salido mal.
Lucas me llevó hasta una mesa reservada en el jardín, donde nos sentamos para disfrutar de la comida. Aunque el velo todavía me cubría el rostro, podía sentir su mirada sobre mí todo el tiempo.
—¿Te gusta la comida? —preguntó él, pasándome un p