CAPÍTULO 17: Lo que el Fuego no pudo Quemar y CAPÍTULO 18: El Último Zarpazo del Lobo
Horas después, Valeria y Marcos estaban sentados en el capó del coche, lejos del perímetro de las mangueras de los bomberos. La finca de los Navarro seguía humeando bajo el cielo estrellado de Sevilla. El aire olía a ceniza y a final.
Valeria abrió las cartas que había rescatado. Sus manos aún tenían restos de hollín. Marcos permanecía a su lado, en silencio, respetando su espacio pero sin soltar su mano.
—No eran cartas de amor entre mi padre y la madre de Isabel —dijo Valeria, con la voz queb