El Banco de España en Bilbao se alzaba como un mausoleo de granito frente a la plaza elíptica. Valeria apretaba la llave de latón en su bolsillo. Sentía que esa pequeña pieza de metal pesaba más que todo el oro del mundo.
Al entrar, la atmósfera era de una calma burocrática que contrastaba con el caos de su vida. Un empleado de uniforme impecable los condujo hacia los niveles subterráneos. El aire allí abajo era frío y olía a papel viejo y ozono.
—La caja 714 —dijo el empleado, señalando un peq