El juicio de Ginebra fue bautizado por la prensa como "El Juicio de los Siglos", pero para Mila Vanzant, fue simplemente la última capa de barniz antes de terminar su obra. Durante semanas, el mundo entero vio cómo los Invisibles eran desmantelados nombre a nombre, cuenta a cuenta. Mila y Dante, sentados en el banquillo de los testigos, no parecían criminales, sino los arquitectos de una nueva realidad.
Gracias a la inmunidad negociada a cambio de los archivos del chip, ambos evitaron la prisió