Eva
Me despierto antes de que suene la alarma.
No porque esté nerviosa, ni porque tenga un rodaje temprano. Me despierto porque ya me acostumbré a abrir los ojos así: tranquila, sin sobresaltos, sin esa sensación de urgencia que antes me apretaba el pecho cada mañana.
La luz entra por las ventanas grandes del apartamento. Todavía me parece extraño decirlo sin ironía: mi apartamento. No es enorme ni ostentoso, pero es luminoso, silencioso, y está en un barrio donde nadie grita por las noches ni