El mensaje de Andrew sigue en mi pantalla.
«¿Terminaste tu día? Quiero verte.»
Normalmente, yo lo leería, me quedaría quieta unos segundos, cerraría la pantalla y fingiría que no sentí nada.
Pero hoy... hoy no puedo.
No después del casting.
No después de la manera en que mi cuerpo todavía tiembla por la adrenalina, por el miedo, por la alegría contenida.
Y justo cuando estoy por escribirle una respuesta, mi teléfono vibra con otro mensaje.
No de él.
Del casting.
Mi respiración se detiene.
Abro el correo con el pulso acelerado.
«Felicitaciones, Eva.
El director te ha escogido para avanzar a la última etapa del proceso.
Queremos verte el viernes para la prueba de química con el elenco principal.»
Me quedo mirando la pantalla sin parpadear.
Un segundo.
Dos.
Tres.
Y luego...
Me siento en el piso.
No lloro.
No grito.
No me río.
Solo... siento.
No recuerdo la última vez que pasé algo así.
No recuerdo cuándo fue la última vez que alguien dijo "felicitaciones, Eva" con un motivo real detrás.