Eva
No entiendo nada.
Andrew me mira.
Yo lo miro.
El silencio pesa un segundo más.
Y entonces…
Él empieza a reír.
Esa sonrisa de tonto que hace cada vez que se burla de mí.
—No puedo creer tu cara —dice, y antes de que pueda reaccionar, me hala con el brazo bueno hacia él y me abraza.
Me quedo congelada.
—Fue una broma —susurra en mi oído.
Tardo un segundo en procesarlo.
Dos.
Tres.
Y entonces lo golpeo.
—¡Eres un idiota!
Le pego en el pecho con cuidado —porque está herido— pero con toda la rabi