Eva
La lluvia seguía golpeando los ventanales cuando sus labios volvieron a encontrar los míos.
Esta vez no fue un choque impulsivo.
Fue lento.
Decidido.
Como si ambos hubiéramos entendido que no estábamos huyendo de nada. Que no era rabia ni venganza lo que nos movía. Era necesidad. Era verdad.
Andrew sostuvo mi rostro entre sus manos con una delicadeza que contrastaba con la intensidad del momento. Su pulgar recorrió mi mejilla húmeda, no sabía si por la lluvia o por lágrimas.
—Eva… —murmuró