Él sonríe, satisfecho.
Puedo ver una microexpresión de sorpresa, un destello involuntario que no alcanzó a ocultar, pero que de inmediato transformó en algo más...
como si realmente disfrutara cada una de mis locuras, como si mis movimientos fueran parte de un espectáculo íntimo reservado solo para él.
No sé si eso es bueno.
O profundamente peligroso.
Andrew avanza hacia mí con pasos lentos, seguros.
Yo intento mantenerme firme, plantada en el suelo, sin retroceder ni un milímetro.
Pero cuando