—Bien… —Jason terminó un último boceto y lo dejó junto a los otros—. Ahora… de estos doce bocetos que hice, escogerás uno, dos o tres que más se parezcan, y de ahí partiremos para el siguiente paso.
Ameline ladeó la cabeza, extrañada por su método, pero simplemente asintió.
Jason empezó a abrir los cuadernos y dejarlos a la vista para que todos pudieran verlos, perfectamente alineados, con treinta centímetros de distancia separando unos de los otros en la larga mesa del estudio de arte.
Ameli