Al día siguiente, Ameline despertó sola en su habitación, por suerte, y luego bajó a desayunar sin muchos ánimos, pero apenas alcanzó a dar un par de bocados cuando Jason se presentó diciéndole que debían ponerse a trabajar en el retrato.
Ugh, maldición…
Ameline apenas y sí había dado un par de bocados a su desayuno cuando Jason irrumpió en el comedor, por lo que ella no pudo evitar mirarlo mal, pero también fijándose en su figura desaliñada y sus ojos inyectados de cansancio reflejando una n