Ameline despertó en la mañana del miércoles aun con los nervios a flor de piel.
Había dormido apenas unas pocas horas, los nervios manteniéndola despierta hasta bien entrada la madrugada. El peso de la prueba de paternidad, programada para esa mañana, la había consumido, sus pensamientos dando vueltas entre el dinero escondido en su vestido, el médico que debía sobornar, y la posibilidad de que todo saliera mal.
“Hoy es el día. Todo depende de esto, y si esto falla ya no habrá marcha atrás, s