El auto se detuvo frente a la clínica, y Ameline sintió un nudo en el estómago mientras miraba por la ventana polarizada. El edificio era moderno, con paredes de vidrio y un letrero elegante en la entrada que decía “Clínica Lockhart”.
El nombre le dio un pequeño alivio, como un destello de esperanza en medio de los nervios que la consumía al reconocer el apellido de Mindy, tal como Emma dijo.
“Esto significa que sí encontraré al doctor fácil de sobornar ¿no?” pensó, nerviosa.
Tucker apagó el