Ameline despertó en la sala médica de la mansión, la luz pálida del amanecer filtrándose por una ventana alta. Su cuerpo se sentía más estable que el día anterior, la agitación física había disminuido, pero su mente aún era un torbellino de rabia y frustración.
La traición de Bianca seguía golpeandola como una bofetada imparable, sobre todo porque había visto todas las señales, había sentido esa punzada de duda cuando Bianca habló de ser “una mujer libre” solo ella y no las dos como fue su narrativa hasta el momento, y aun así, una parte de ella había querido creer en la amiga que alguna vez tuvo. Se había dejado engañar, reaccionó tarde, y eso la enfurecía demasiado. Había intentado advertirle a Seth, solo para que el caos estallara antes de que pudiera actuar.
"Si tan solo hubiera reaccionado antes... Si la hubiera sujetado de la muñeca o algo así..."
Se sentó en la camilla, sus manos apretadas en puños, su mandíbula tensa mientras maldecía su propia ingenuidad.
En ese momento, l