Ameline estaba acostada en su cama, las luces apagadas y las cortinas corridas, intentando forzar el sueño que se negaba a llegar por su mente hecha un completo caos.
El silencio de la habitación era opresivo, roto solo por el tictac de un reloj en la mesita. Había comido la mayor parte de su comida, más que nada por obligación, pero no pudo comerlo todo.
La traición de Bianca seguía ardiendo de forma humillante en su mente, y aunque había cerrado la puerta en la cara de Seth, su última expr