El auto rugió por calles ocultas de la ciudad, zigzagueando a través de callejones estrechos y tomando desvíos previamente calculados, mientras Tucker ejecutaba maniobras planeadas con precisión para despistar a cualquier perseguidor.
Seth, en el asiento del copiloto, mantenía la mirada fija en los retrovisores, su arma aún en la mano, aunque el sonido de los disparos se había desvanecido hacía rato. Ameline, en el asiento trasero, seguía respirando con dificultad, sus manos apretadas contra s