Ameline salió al balcón del cuarto de Prissy, el eco de sus palabras aún resonando en su mente: “Tendrías que llamarlo”.
La idea de contactar a Seth le apretaba el pecho, un nudo de incomodidad y recuerdos que no podía desenredar. Caminó lentamente por el balcón amplio, sus pasos silenciosos contra el mármol, mientras su mente daba tumbos.
¿Realmente quería hacer esto? Llamar a Seth significaba abrir una puerta que había intentado cerrar desde que salió de esa ciudad, desde el abrazo en el ae