Capítulo 95. El eco de un aullido
El camino hacia la capilla parece eterno a pesar de que solo son pocos metros, pero finalmente, después de tanta tensión, Aria y Marina divisan las primeras cruces de madera que marcan el terreno sagrado. Ambas respiran con alivio, aunque todavía sienten el peso invisible del bosque en la espalda.
El padre Ezequiel corre hacia ellas en cuanto las ve aparecer. Los demás también llegan, con el rostro desencajado.
—¡Aria! ¡Marina! —exclama el sacerdote, estrechándolas entre sus brazos—. Pensamos q