Capítulo 44. ¡Ayuda!
El motor ruge como una bestia desbocada mientras Néstor pisa el acelerador a fondo. Las líneas amarillas y blancas de la carretera se desdibujan ante sus ojos, y la preocupación le oprime el pecho con más fuerza que el cinturón de seguridad. Llama a Kael por tercera vez, maldice en voz baja cuando vuelve a saltar el buzón de voz. Cuelga bruscamente y vuelve a intentarlo.
—Contesta, Kael... contesta, maldita sea —gruñe.
Nada. Ni una palabra, ni una señal. Es realmente extraño y confuso para él.