Capítulo 43. Barro, sangre y miedo
El chirrido repentino de las llantas corta el silencio de la carretera. Néstor frena de golpe, con una maniobra tan brusca que el auto derrapa ligeramente hacia el costado antes de estabilizarse junto a la cuneta. El corazón le late con fuerza en el pecho mientras se gira hacia Aria.
—¡Aria, háblame! —exclama con urgencia. Se suelta el cinturón y se acerca a ella—. ¿Qué te pasa?
Las manos de ella arden. El calor que emana de su piel es antinatural, casi insoportable al tacto. Ni siquiera ellos,