—¡Aprobe! —Mi grito de emoción salió sin pena alguna, corriendo hacia el chico que me esperaba en la entrada de la universidad.
Y como si fuera algún conocido de hace años me lance a sus brazos, siendo recibida por el musculoso hombre que no tardó en girar mi cuerpo como si fuera una niña pequeña siendo mimada después de un considerable logro.
Y es que no podía estar más feliz ahora mismo, después de haber luchado tantos años continuos con esa estúpida asignatura.
Una emoción que se desborda