El portal de eclipse se cerró con un destello sordo, dejando atrás los gritos de la Torre de Hojas y el aroma denso a savia púrpura y muerte. El bosque al otro lado era distinto. Silencioso, encantado. Como si no perteneciera del todo a este mundo.Kaelion aterrizó con firmeza, las botas hundiéndose en el suelo suave y húmedo del claro. Ulva seguía en sus brazos, pero apenas él tocó tierra, ella comenzó a forcejear.
—¡Suéltame! —gritó, con los ojos encendidos por la furia.
—Estás herida —respond