Las mazmorras estaban ocultas bajo la antigua fortaleza del norte, donde las piedras respiraban humedad, y el eco de los lamentos se mezclaba con el goteo constante del agua cayendo por las grietas. Nadie bajaba allí sin orden directa de Selene. Y nadie que bajaba, salía con el alma intacta.
La puerta de hierro se abrió con un chillido largo.
Selene descendió los escalones lentamente, vestida de negro, con una capa que arrastraba sombras a su paso. No llevaba guardias. No los necesitaba.
El air