La noche había caído con furia tras la emboscada. Ulva y Fenrir encontraron refugio en una gruta oculta entre rocas antiguas, donde el viento no podía alcanzarlos y la magia de Selene no penetraba. El lugar olía a piedra, a musgo y a tiempo. Era un escondite olvidado… o quizá uno que los esperaba. El cuerpo de Ulva temblaba aún por la batalla. No de miedo. De exceso de energía contenida, de necesidad. Fenrir colocó su abrigo sobre ella, y luego se sentó a su lado, sin decir nada. El silencio en