Fenrir se despertó con el cuerpo pesado, los músculos adormecidos y el alma envuelta en bruma. Estaba encadenado en una habitación hecha de madera viva, como si las paredes respiraran. No había ventanas, sólo un techo cubierto de hojas que no dejaba pasar ni un solo rayo de luna. La puerta se abrió. Selene entró, vestida de negro y oro. Su mirada era afilada, pero su sonrisa… dulce como veneno.
—Qué hermoso es verte dormir —dijo, caminando alrededor de él—. Eres más resistente de lo que imaginé