Javier le había dicho que seguramente Cristian regresaría y la sacaría en un par de horas, pero no fue así. Estefanía pasó un día entero sumida en la desesperación, atrapada entre esas cuatro paredes.
La orden había sido clara: no dejarla salir.
Su propio hermano había sido su carcelero, entrando a la habitación solo para llevarle comida.
—Por ahora lo mejor es que permanezcas aquí. Hay reporteros afuera, hermana —le había explicado él, mientras colocaba la bandeja sobre la mesa.
—¿Te estás pon