Estefanía quiso replicar que no le importaba si se enfurecía o no, pero en ese preciso instante, su estómago protestó.
Fue un sonido imposible de ignorar, sumiéndola en una profunda vergüenza.
Cristian bajó la mirada hacia su abdomen y la ferocidad en sus ojos se disipó.
—¿Qué tal una tortilla francesa con espinacas y un poco de tostadas? —preguntó de forma inesperada.
«Vaya cambios de humor que tenía este psicópata», no pudo evitar pensar con rabia. Un segundo la amedrentaba y al siguiente le