Cuando Estefanía se quedó dormida esa noche, Cristian se levantó de la cama con sigilo.
Miró por un par de segundos a la mujer que yacía a su lado. La respiración de Estefanía era suave, acompasada. Estaba seguro de que ni siquiera pronunciando su nombre cerca de su oído la haría despertar.
—Estefanía… —susurró solo para comprobar.
Efectivamente, ella no se movió.
Cristian sintió la tentación de devorar su boca, pero, en lugar de eso, cubrió la desnudez de sus hombros, luchando contra el deseo